domingo, 29 de septiembre de 2013

Factores clave para aumentar el rendimiento del sistema energético de la fosfocreatina.


La energía necesaria para la contracción muscular se obtiene mediante la hidrólisis de moléculas de ATP. Sin embargo, las concentraciones intramusculares de ATP son escasas, de unos 5-6 mmoles por gramo de fibra muscular (González y Villa, 2001), lo que permitiría realizar ejercicios intensos de muy corta duración (1-4 segundos) (Barbany, 2002). Así, por ejemplo para la realización de una primera repetición en una serie de entrenamiento con pesas está fuente energética puede ser la más importante. Sin embargo, a medida que van avanzando las repeticiones en la serie, nuestro organismo tendrá que ir resintetizando nuevas moléculas de ATP a través de distintas vías metabólicas que vendrán marcadas, entre otros motivos por la utilización de un determinado sustrato energético.




Siguiendo a Margaria y col. (1963) la primera vía metabólica que elegirá el organismo para resintetizar ATP será mediante el sistema de la fosfocreatina. De este modo, en un ejercicio de máxima intensidad, la máxima tasa de obtención de energía de esta vía energética se alcanzará tan sólo en el segundo 2 de comenzar la actividad (Viru y Viru, 2003), aunque seguirá siendo la vía preponderante hasta transcurridos 30 segundos de actividad (Mora, 2004). Ello refleja la gran velocidad que hay para resintetizar ATP a través de este sistema energético.

Es por ello que en pruebas de corta duración y máxima intensidad y ejercicios con un carácter intermitente (deportes de combate, de potencia, raqueta y deportes de equipo) esta vía de obtención de energía será la principal. De ahí que uno de los objetivos del entrenamiento y de la nutrición en dichas especialidades debería de ser la de potenciar esta vía metabólica, tanto en términos de capacidad como de potencia. Y, para ello, deberemos de potenciar todos aquellos factores que han demostrado que podrían producir mejoras, como apreciamos en el gráfico 2.


En cuanto al tipo de fibras musculares, indicar que las fibras tipo II contienen entre un 5-15% más de fosfocreatina almacenado con respecto a las fibras tipo I que, por el contrario, se recuperarán con mayor rapidez. Por ello, hipertrofiar o mejorar la capacidad de almacenamiento de este tipo de fibra será un factor importante.

Sin embargo, debemos de considerar que existe una correlación entre la resíntesis de fosfocreatina y el VO2máx (Takahashi y col., 1995). Por ello, la adopción del entrenamiento debe de ser la de que esas fibras musculares denominadas fibras híbridas se comporten como unas fibras tipo IIa que, como sabemos, aunque sean fibras de tipo II, se caracterizan por tener una considerable capacidad oxidativa.

Por otra parte, también habría que considerar que una suplementación con creatina, también incrementaría los niveles intramusculares de dicho sustrato, al igual que el entrenamiento de alta intensidad (Bemben y Lambont, 2005). Sin embargo, en este aspecto, indicar que son varias las fuentes alimentarias que aportan creatina, siendo la mayoría de ellas fuentes de origen proteico. Es por ello que las personas que siguen dietas con un bajo aporte de proteínas animales se beneficiarían más de la suplementación (Burke y col., 2003).

Consideramos que estos deberían de ser los pilares sobre los que desarrollar los planes de entrenamiento y nutricionales para todos aquellos deportistas que compiten en pruebas donde este metabolismo ocupe un papel principal.

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