viernes, 18 de octubre de 2013

Una caloría es una caloría, pero todas no son iguales.


Parece muy sencillo. Si comes más de lo que gastas, engordas. Si comes menos, adelgazas. Así que adelgazar es un simple juego de contar calorías. ¿Parece demasiado bonito para ser verdad? Así es.

Las cosas no son tan sencillas. Un ejemplo. Dos donuts suman unas 400 calorías. Por esas mismas calorías podemos comer una pechuga de pollo a la plancha, un tazón de arroz integral, media docena de espárragos, un tomate, y aliñarlo con un un chorrito de aceite.
Si te atreves, haz la prueba. Durante dos semanas come solo 1.500 calorías si eres hombre, y 1.000 si eres mujer, con lo que en general tendrías que perder peso. La primera semana come solo donuts. La segunda, pollo con arroz y verdura. ¿Crees que las dos dietas funcionarán igual?
El experimento ya se ha llevado a cabo. En 1956 los doctores Keckwick y Pawan alimentaron a tres grupos de voluntarios con una dieta deficitaria en calorías. A un grupo se le dio una dieta de un 90% de grasa, a otro de proteínas y al ultimo de carbohidratos. Los que se alimentaban solo de grasa o solo de proteínas perdieron peso. Los que comían carbohidratos lo ganaron, a pesar de ingerir menos calorías que las que necesitaban.
¿Hay que contar las calorías? Es conveniente, pero no es suficiente. Las calorías no son todas iguales. La composición ideal de proteínas, carbohidratos y grasas varía dependiendo de tus objetivos y actividad. No comes lo mismo si quieres entrenar para una maratón o perder 20 kilos de barriga. Pero por lo general, en nuestra dieta occidental hay demasiados carbohidratos refinados y pocas proteínas.
Una dieta sana y equilibrada tiene que tener entre un 45 y 65% de carbohidratos, un 20 a 35% de grasas y un 10-35% de proteínas  Todo lo que salga de esas proporciones tiene que tener un claro objetivo y ser estudiado por una persona experta que certifique que es necesario para la salud de la persona en cuestión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario