jueves, 7 de noviembre de 2013

La vitamina E (Tocoferol)


En el ser humano se la encuentra en plasma y en glóbulos rojos y en las membranas celulares. Participa activamente en la reducción de la agregación plaquetaria y en la síntesis de sistemas enzimáticos que modulan la formación de hemoglobina. Pero la función primordial de la vitamina E consiste en su gran capacidad antioxidante en las células frente a los radicales libres presentes en el organismo. 


El ataque oxidativo de los radicales libres –OH y –O2 sobre los ácidos grasos poliinsaturados produce radicales alquilperóxidos, que perpetúan la cadena de reacciones de oxidación de lípidos. Daños similares ocurren también con las proteínas y los ácidos nucleicos. 

Las necesidades diarias de vitamina E son de 10 mg. / día. Las necesidades de vitamina E guarda una estrecha relación con la ingestión de ácidos grasos poliinsaturados. Esta relación (vitamina E/ácidos grasos poliinsaturados) debe ser mayor a 0.79. Si un deportista determinado consume 60 gramos de ácidos grasos poliinsaturados, necesita 35 mg. diarios de vitamina E. 

En dosis terapéutica puede utilizarse de 100 a 500 mg. / día y los niveles normales en sangre  son de 5 a 16 mg. / litro. 
Utilizando dosis terapéuticas de 300 – 400 mg. durante 3 – 6 meses, se demostró que se alivia la claudicación intermitente, que produce dolor en los miembros inferiores cuando están en movimiento debido a una circulación insuficiente. 

En deportistas es de suma importancia ya que previene la pérdida de músculo esquelético y protege el daño muscular al aumentar los niveles musculares de glutatión , puesto que en los deportistas que la toman se ha observado que los niveles de CK (creatin-kinasa) son menores. En otros estudios dosis altas experimentales (entre 200 y 1200 UI) han mostrado beneficios por aumentar la producción de energía, reduce el daño celular y estabiliza las membranas. También ha sido visto una mejor protección tisular fundamentalmente en la altura. 


Para que esta vitamina pueda ser absorbida en la luz intestinal necesita de las secreciones biliares y pancráticas. De la cantidad de vitamina ingerida, menos del 40% es absorbida, porcentaje que disminuye aún más si en la luz intestinal hay un exceso de ácidos grasos poliinsaturados. La malabsorción intestinal grave, como sucede en la enfermedad de Crohn y en la enfermedad celíaca, la ingestión exagerada de aceite mineral, la falta de conductos biliares o su obstrucción crónica, la fibrosis quística y la cirrosis hepática, suelen producir carencia de vitamina E. Esta carencia puede ocasionar anemia, destrucción de glóbulos rojos, degeneración muscular, desórdenes en la reproducción y abortos espontáneos.

La hipervitaminosis podría ocasionar trastornos metabólicos, creatinuria y complicaciones hemorrágicas por antagonismo con los efectos de la vitamina K aunque se considera como una vitamina segura. Esta vitamina se encuentra en alimentos de origen vegetal como cereales integrales, germinados, aceites vegetales, etc. Su biodisponibilidad se encuentra limitada, ya que con la cocción de los alimentos se destruye gran parte de la vitamina. Lo mismo ocurre cuando interactúa con el hierro, por lo que no se debe tomar conjuntamente con suplementos de dicho mineral. 

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