miércoles, 23 de abril de 2014

La aceleración compensatoria


Lo que hace posible una gran aceleración es una gran fuerza en una mínima unidad de tiempo, osea, la potencia. Con toda esta física del movimiento aplicada al entrenamiento de fuerza obtenemos el método de aceleración compensatoria.

Mediante la aceleración compensatoria intentamos reclutar el mayor numero de fibras musculares, tanto rápidas (anaeróbicas) como lentas (aeróbicas), y mantenerlas activadas durante el máximo tiempo posible, hasta finalizar el recorrido del movimiento.
Por ejemplo, en un ejercicio de sentadilla, y aplicando la aceleración compensatoria, necesitamos cada vez más fuerza, y aceleramos cada vez más la barra hacia arriba, a medida que las palancas corporales incrementan su eficacia. Por lo contrario, y a medida que llegamos a la parte final del ejercicio, el valor de la fuerza de la resistencia tiende a disminuir. Cuanto mayor sea la fuerza aplicada mayor serán la aceleración compensatoria y la velocidad, y en consecuencia mayor y en menor tiempo será expresada la fuerza muscular empleada. En consecuencia la expresión de fuerza en velocidad, o sea de potencia, será mayor.  
Ahora nos preguntamos: ¿Si realizamos cinco series de cinco repeticiones de sentadilla de manera estándar, cuanto beneficio fisiológico adaptativo real derivaremos de nuestro gasto total de energía?; y ¿qué porcentaje del número total de repeticiones constituirá una sobrecarga suficientemente importante como para poner en marcha nuestros procesos de adaptación fisiológica?  
Se sospecha que aproximadamente el 75% del esfuerzo total no habrá servido absolutamente para nada.
Por lo general, en la sentadilla solo nos esforzamos al máximo en el primer 25% del recorrido, o sea saliendo de la posición de abajo. El restante 75% del movimiento lo realizamos a medio gas a medida que las palancas corporales se tornan cada vez más eficientes en virtud de la extensión. En consecuencia se detiene la aceleración, la velocidad del movimiento se torna constante, y la resistencia o carga gravitacional es cada vez más liviana.  
Como consecuencia de la velocidad constante, el proceso de reclutamiento neuromuscular desactiva cada vez más fibras musculares. En ausencia de una aceleración compensatoria, podemos decir que solo las últimas dos repeticiones nos serán de “alguna” y muy relativa utilidad adaptativa. Las primeras tres, por haber sido de fácil ejecución, y carentes de aceleración compensatoria, no habrán aportado nada significativo a la adaptación fisiológica deseada. 
Ahora bien: ¿qué habría que hacer para lograr el 100% de activación de las fibras musculares en cada repetición de cada serie, en el 100% del trayecto vectorial del recorrido? La respuesta es simple: aplicar la aceleración compensatoria.  
La acción de la aceleración compensatoria, en términos de reclutamiento de fibras musculares, se asemeja a la acción de los ejercicios isocinéticos, donde la velocidad, independientemente de la carga o resistencia isocinética, se mantiene constante en todo el recorrido. La diferencia radica en qué en la aceleración compensatoria con resistencias gravitacionales, en vez de controlar la velocidad del movimiento para que este se mantenga constante, aceleramos progresivamente y de manera compensatoria para que la resistencia gravitacional se mantenga en niveles máximos y produzca la máxima estimulación nerviosa sobre las estructuras musculares.  
La aceleración compensatoria no está del todo indicada en los ejercicios cortos como curls de brazos, encogimientos de abdominales tipo crunches, o en otros grupos musculares que actúan como estabilizadores.  
No obstante, está indicada en ejercicios como la sentadilla, el press de banca, y en las arrancadas, donde tratamos de reclutar el mayor numero de fibras musculares posible, explotar en sentido vertical, y acelerar al máximo en cada milímetro del recorrido hasta llegar al final del movimiento, no solamente al principio o al final del recorrido, sino en su totalidad.   
Eso es aceleración compensatoria.

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